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Labios muertos

La curva de unos labios rosados que brillan delicadamente de forma natural, invitadora, con las comisuras terminando en hoyuelos estirándose hacia arriba en una sonrisa tierna. Pero su encanto comienza mucho antes, en aquella barbilla respingada, continuando hacia su nariz pequeña, hacia sus mejillas pálidas y pómulos intensos. Luego los ojos. Sus ojos. Te atraviesan, van hacia lo más profundo hasta que te tienen atrapado desde dentro, te dan vuelta el interior con su brillo hipnótico, hacen explotar tus terminaciones nerviosas hasta que tienes erizado cada vello del cuerpo. No puedes evitarlo, de pronto todo comienza a llamarte la atención: su piel, su cabello lozano, la forma en que se mueve. Su mirada, que reboza inocencia, dulzura, como si desconociera lo que te está haciendo, porque es innato, no hay más que hacer que sumergirte. Es hermosa, porque está cargada de sentimiento, es el hielo que arde de frío después de sostenerlo mucho tiempo. Porque es calor y frío, placer y dolor....

El último beso

La ruta se extiende frente a mí iluminada por el decadente brillo del auto chatarra que manejo. Sin luna, sin estrellas, solo la niebla que flota como un manto asfixiante y las sombras de los pinos que nos rodean mientras acelero. Trato de concentrarme en el frente, en la grava, en divisar algo más allá de la bruma, en algo más allá de las ramas que parecen inclinarse hacia mí, en manos que se estiran como garras. Asfixiado. Atrapado. Me estiro sobre el asiento evitando tocarla hasta tomar el frasco y cargarme la última pastilla que queda, mi otra mano permanece sudada con los nudillos blancos apretando el volante.   Mantén el control del auto  mantén el control del auto    mantén el control del auto. Dos gotas se deslizan desde mi cabello desgreñado y el mundo comienza a temblar ligeramente. No, no el mundo, soy yo, yo estoy temblando. La piel perlada de sudor en mis brazos, mis manos, mis piernas. De pronto ella habla y mi alma tiembla, en un eco que llega...

Todo lo que chupo

Voy a hablar de una verdad. Solo una. Puede que la única. Soy un pozo. Un agujero negro, todo lo que se me acerca lo chupo, lo succiono, me lo trago y desaparece para siempre. Estoy vacío y a la vez soy el vacío. Nada me alcanza, nada me satisface, por lo que tomo y tomo y tomo hasta dejar vacío al resto. Hasta que te dejé vacía a ti. Y ahora me he hecho más grande, porque te has ido, me has dejado recordándote en todo lo que veo, todo me hace pensar en ti y debo tenerlo, porque debo tenerte a ti. Pero nunca es suficiente, porque estoy vacío y soy el vacío. Esta negrura grita por poseerte, que cures su sed con tus besos, que seas mía a la mañana, por la tarde con tus amigas, en la noche en nuestra cama. Mía con tus ojos de estrella, en mis sueños, también en los tuyos. Mía. Siempre. Mía.  Y ahora me doy cuenta que también esta verdad está manchada de mentira. Porque en mi amor inmortal por ti te empujé al pozo, caíste en el agujero. Me doy cuenta que nunca te fuiste porq...